LAS DIEZ PLAGAS
Antiguamente hubo muchísimos “ateos bíblicos”, es decir, científicos, arqueólogos e historiadores, que rechazaron la posibilidad de que el Pueblo de Israel haya estado en Egipto, las diez plagas, la partición del mar, la revelación del Monte Sinaí, etc. Pero algo ha ocurrido recientemente: de pronto ellos mismos empezaron a tratar de explicar cómo ocurrió exactamente todo eso con “teorías” como la de la marea baja, el volcán que hizo erupción a 1 500 kilómetros de distancia y cuyas cenizas causaron que el cielo se oscureciera, y el cual también provocó que las aguas del mar se volvieran rojas, un eclipse, un tsunami, etcétera.
Otras “tonteorías” hablan de fenómenos naturales que, afirman, fueron “aprovechados” por Moshé para decir que Dios estaba mandando mensajes, o que era un ilusionista que hizo ver al pueblo lo que él quiso que vieran; y el colmo: lo último que acabo de escuchar es la teoría de un profesor de la Universidad de Jerusalem, quien afirma que en el Monte Sinaí simplemente sucedió que Moshé, y todos los 600 mil judíos, estaban drogados y experimentaron alucinaciones. Al final de este capítulo ampliaremos sus declaraciones al respecto.
Ante todo esto, estoy obligado a preguntar: ¿qué está pasando últimamente? ¿Por qué los científicos ateos no siguen sólo negando todo, y ya? Suenan más ridículas estas falsas teorías que la simple negación de los hechos. ¿Por qué se esfuerzan en explicar estos hechos como fenómenos naturales o mágicos, y no dicen, como solían hacerlo, “es mentira, nunca ocurrió”?
Yo les revelaré el secreto; en realidad es algo muy simple: se han descubierto tantas pruebas y objetos arqueológicos, como les mostraré a continuación, que muchos de esos “especialistas” ya no pueden negar que sí estuvimos allá, que sí ocurrieron las diez plagas, etc., si incluso los más ateos ya lo reconocen. Por tanto, lo único que les queda por hacer es explicar los hechos de una forma lógica y no milagrosa, ya que para ellos no hay un creador.
Pero, en verdad, no importa. Aunque no quieran, ya están más cerca. Unos cuantos kilómetros más y llegarán a la verdad.
Veamos, entonces, cuáles son esos hallazgos y pruebas que causaron que ellos reconocieran su error y que nosotros afirmemos nuestra fe.
La Torá dice…
Después de un largo tiempo en que el Pueblo de Israel permaneciera en Egipto, “se levantó un rey nuevo”, es decir, una nueva dinastía, que no quiso reconocer la aportación de Yosef (Imhotep) y empezó a discriminar y a esclavizar a los judíos, y hasta matar a sus recién nacidos. Todo terminó con el nacimiento especial de Moshé, quien creció en el palacio de Paró hasta que Dios le ordenó (luego de escapar por haber matado al egipcio en defensa de dos de sus hermanos israelitas) que regresara a Egipto, que con la ayuda de Dios realizara las plagas y sacara a sus hermanos de la esclavitud, no sin antes llevar una gran devastación a los egipcios y a sus dioses por todo lo que habían hecho contra Israel (Shemot, capítulos 1 y 2).
¿ASÍ FUE?
Ubicando a Paró
¿Quién es el Paró que nos esclavizó? Hasta ahora la mayoría de los historiadores nos habían enseñado que se trataba de Ramsés II, pero al no hallar ninguna evidencia en los registros de su época que se parezca a nuestra historia, concluyeron que estábamos mintiendo. Pero ya expliqué el error del calendario oficial, basado en los dudosos escritos de Manetón.
Hoy, a la luz de las investigaciones de Velikovsky y sus partidarios, se ha descubierto quiénes fueron los verdaderos faraones con los que tuvimos contacto en esos tiempos.
La construcción de las pirámides se inició durante el reinado de la tercera dinastía y continuó con mucho mayor empeño en los días de la cuarta dinastía, desde el rey Sanfaro, quien fue el que empezó a construir las pirámides más grandes, pero, en lugar de ser escalonadas, eran de caras triangulares y lisas. De acuerdo con ésta, la verdadera historia, él fue quien dio comienzo a la dura esclavitud, la cual continuó en el reinado de sus hijos Jufo, Jafra y Manjura. Este último fue el faraón sobre el que cayeron las diez plagas.
En los tiempos del rey Sanfaro se adoraba al dios Itón y él agregó al dios Ra; por tanto, construyó dos grandes pirámides, que según nuestra Torá, se llamaban Pythom y Remeses, por los nombres de esos dioses: Pythom por el dios Itón y Rameses, por el dios Ra.
Jufo, quien fue el que construyó la pirámide más grande, en la tradición egipcia es considerado como el rey más cruel que existió y quien utilizó muchísimos esclavos para hacer sus obras. De Manjura, el último de la dinastía, sabemos que, a su fallecimiento, no fue sucedido por su hijo primogénito, ya que murió en las manos de su padre. Ello encaja con lo que dice nuestra historia: que el hijo de Paró murió en la plaga de los primogénitos.
Otro dato interesante sobre Manjura es que, a pesar de que en su época la adoración por el dios Ra estaba en su pleno apogeo, de repente los egipcios dejaron de creer en él. También eso cuadra con nuestra tradición: en ella se narra que Paró advirtió a Moshé, antes de que el Pueblo de Israel saliera de Egipto: Re u Ki Raa negued penejem (Shemot 10:10), “Les advierto que van a morir, ya que el dios Ra está enfrente de ustedes”. Por tanto, cuando Israel triunfó sobre el ejército egipcio gracias a su Dios, el dios Ra “perdió credibilidad” ante los egipcios y sólo después de varios años volvieron a retomarlo.
Después de ubicar a la verdadera dinastía de faraones que esclavizaron a los israelitas, resulta más fácil encontrar las pruebas, pues ya es evidente que hasta ahora todos estuvieron buscando en el lugar incorrecto.
Los papiros hablan...
En un papiro denominado Papirus Brooklyn se registra una orden real por la cual un grupo de esclavos debía ser trasladado de una zona a otra en Egipto. Lo interesante de este papiro es que, en el reverso, están escritos los nombres de varios esclavos. Entre ellos se hallan Isajar, Asher, Shifra, Menajem… que son, claramente, nombres hebreos. Además, en la parte inferior del texto se lee que estos esclavos eran afiro. Explica el profesor David Rohl, en su obra La Biblia: mito o realidad histórica, que este papiro habla de esclavos judíos y que afiro quiere decir “hebreo”. Como prueba de ello, señala que hasta nuestros días los pobladores de Egipto no saben pronunciar bien la letra f y la cambian por b. Esto da pie a una nueva lectura de la palabra: si trasponemos las letras, en lugar de afiro dice abiro, que se parece más a la palabra “hebreo”.
El profesor Rohl revela luego otro interesante hallazgo en una zona llamada Awariz, que hoy en Egipto se llama Tel Ed-Dabba, que según él y otros grandes arqueólogos es la región de Goshen, mencionada en la Torá como el lugar en que habitó Israel, es decir, Yaacob y sus hijos, en Egipto.
Rohl encontró allí varias fosas comunes antiguas, en las que 65% de los restos óseos pertenecían a esqueletos de bebés hasta de 18 meses de edad. Traduzcamos el significado de este descubrimiento: lo que no pudieron explicar los demás científicos fue explicado con facilidad por el profesor Rohl. Y esto está relacionado de manera directa con la historia judía, pues en la Torá se narra que los bebés judíos fueron asesinados en masa debido a la profecía de los magos de Paró respecto a que iba a nacer un niño especial que derrocaría a esa dinastía.
Increíblemente, la leyenda egipcia relata que un mago se presentó ante el rey Jufo (el abuelo de Paró Manjura) y le dijo que había una mujer llamada Ratzadedet que llevaba en su vientre a un niño que dominaría a Egipto. El rey, conforme a esa leyenda, se enfureció, pero el mago mitigó su furia diciéndole que eso no pasaría en sus días, sino en la época del hijo de su hijo (Manjura). Termina la leyenda contando que eso pasó y que, cuando el niño profetizado nació, su cuerpo brillaba como el oro y que la esclava que corrió a informar al rey del suceso fue devorada por un cocodrilo, para salvación del niño.
Esto se parece mucho a lo escrito en los midrashim (los tratados de la Torá oral basados en lo que se halla en la Torá escrita): “Paró soñó con una balanza en uno de cuyos platos estaba la imagen de todo Egipto y, en el otro, un bebé hebreo. Y pesaba el bebé más que todo Egipto. Al pedir la interpretación a los jartumim, éstos le advirtieron que iba a nacer un bebé que iba a afectar muchísimo a Egipto”. Cuando nació Moshé, todo él irradiaba una luz especial (Talmud, Sotá 12:1), lo que de seguro ellos denominaron “como oro”. Culmina el midrash relatando que cuando la hija de Paró bajó con sus sirvientas al Nilo y encontró al bebé en una cesta que flotaba sobre las aguas, una de sus sirvientas corrió para delatarla ante Paró por haber salvado a un niño hebreo, pero bajó el Ángel Gabriel y la mató.
Quizás el ángel tomó la forma de un cocodrilo que, dicen nuestros Sabios, causó la muerte de la sierva de la Bitiyá (Sotá 12:1).
Papirus Ipuver
En 1828, el Museo de Leyden, en Holanda, adquirió un papiro (número de catálogo 344) llamado Ipuver, por el nombre de quien lo escribió, un sacerdote de la época de los faraones. El Papirus Ipuver está escrito por sus dos lados, tiene 17 páginas compuestas en su mayoría de 14 líneas, la mayoría de las cuales son ilegibles por el desgaste del tiempo y están incompletas, pero todavía se ven claramente muchas líneas muy bien escritas.
Desde que este papiro fue encontrado se realizaron muchos esfuerzos para traducirlo, pero sólo hasta 1909 el especialista Allan H. Gardiner pudo hacerlo. Después de varios años, en 1950, el profesor Immanuel Velikovsky revisó esos documentos traducidos y se asombró por el paralelismo entre lo escrito en el papiro y lo registrado en la Torá. Señala Velikovsky: “Busqué una fuente confiable para la traducción de ese papiro y lo encontré en la obra de Allan Gardiner. Cuando me di cuenta de lo que se trataba, lo envié a los profesores británicos Goan Grasteng y Aish Jaftulong para que lo examinaran. Y la respuesta decía: ‘Se parece mucho a lo escrito en la Biblia’”.
A continuación veremos algunos fragmentos de la traducción de Gardiner y demostraremos su paralelismo con lo que dice la Torá.
Papirus Ipuver
La plaga de la sangre:
1. “Plaga en toda la tierra… sangre por todos los sitios… El río es sangre…” (hoja 2, líneas 5 y 6). “La gente evita beber… las personas están sedientas de agua… estas son nuestras aguas… esta es nuestra riqueza… ¿Qué haremos…? Todo está acabándose” (hoja 2, línea10).
La Biblia
La plaga de la sangre
1. “Y hubo sangre en toda la tierra de Egipto… y se convirtieron todas las aguas que había en el río en sangre… y apestaba el Nilo… y excavaban los egipcios alrededor del río para buscar agua para beber, ya que no podían beber de las aguas del río…” (Shemot 7:18-22).
Papirus Ipuver
La plaga de la peste
2. “Todos los animales, su corazón está llorando… el ganado está muriendo…” (hoja 5, línea 5).
La Biblia
La plaga de la peste
2. “Si no nos liberas, la mano de Dios castigará a tus ganados, los que están en los campos, también a tus caballos, burros y camellos… Tu vacuno y tu ganado sufrirán de una peste muy pesada…” (Shemot 9:1-6).
Papirus Ipuver
La plaga del granizo
3. “Los árboles se destruyeron… los portones y las columnas y las paredes se quemaron con el fuego… Egipto está llorando… el palacio real perdió sus ganancias… no hay frutas, no hay cosecha… ¡Qué extraño, si a él pertenecen el trigo y la cebada, los patos y los peces…! Oh, sí, todo se arruinó… Lo que se veía ayer, ya no se ve hoy…” (hoja 4, línea 14).
La Biblia
La plaga del granizo
3. “‘Mañana como a esta hora mandaré granizo pesado como no lo hubo jamás en Egipto…’ Y extendió Moshé sus manos al cielo y Dios causó tormentas y cayó el granizo junto con fuego… Y golpeó el granizo a Egipto… y destruyó lo que había en el campo, desde hombres hasta animales…” (Shemot 9:23-26). “Lo que rompía el granizo, quemaba el fuego…” (Midrash).
Papirus Ipuver
4. “Observa el ganado. Fue abandonado y no hay quien lo reúna… Cada uno busca sólo los que están marcados con su nombre…” (hoja 10, línea 3).
La Biblia
4. “‘Te aconsejo —dijo Moshé a Paró— que el que teme de la palabra de Dios y sabe que así ocurrirá mañana, que corra y recoja su ganado del campo… para que no muera en esta plaga…’ Aquellos súbditos de Paró que creyeron en la palabra de Dios corrieron al campo y recogieron su ganado…” (Shemot 9:19-22).
Papirus Ipuver
La plaga de las langostas
5. “¡Ay, ay, ay…! La cosecha fue arrasada en todos los lugares… no puede encontrarse fruta ni verdura… ¡Uy, uy, uy…! Hoy, ¿a dónde está todo lo que veíamos ayer?” (hoja 5, línea 12).
La Biblia
La plaga de las langostas
5. “Dijo Dios a Moshé: ‘Extiende tus manos al cielo y vendrán las langostas… Comerán toda la hierba de la tierra y toda verdura y fruta del árbol… Todo lo que sobreviva al granizo se extinguirá con las langostas…’. Y no quedó verdura ni fruta en los campos de la tierra de Egipto…” (Shemot 10:4-15).
Papirus Ipuver
La plaga de los primogénitos
6. “¡Ay, qué dolor! Los hijos de los príncipes fueron estrellados contra las paredes… están tirados, muertos en las calles… las paredes de las prisiones se derrumbaron… En cada lugar se ve cómo unos entierran a sus hermanos… Hay un llanto muy grande en Egipto… Sí, el grande y el chico están clamando: ‘¡Ojalá y me muera…!’. ¿Acaso este es el fin del ser humano…? Ojalá y cese la tierra este desorden… las ciudades se destruyen… la elite de Egipto se corrompió… todo se destruye…” (hoja 6, líneas 3, 12, 30).
La Biblia
La plaga de los primogénitos
6. “Y fue a medianoche y Dios castigó a todos los primogénitos de Egipto… desde el primogénito de Paró hasta los primogénitos comunes… Y se levantó Paró en la noche, él y sus sirvientes, y hubo un grito muy fuerte en Egipto… No hubo casa en la que no enterraran a un muerto… Y llamó Paró a Moshé y a Aharón y les dio la libertad de salir de la prisión egipcia… y se apresuraron los egipcios a liberarlos, porque dijeron: ‘Todos vamos a morir’…” (Shemot 12:29-33).
Papirus Ipuver
El botín
7. “Observa cómo los esclavos dan órdenes a los señores egipcios, sin temer de ellos… Oro y diamantes y piedras preciosas y plata están poniéndose sobre sus cuellos las sirvientas…”
La Biblia
El botín
7. “Y dijo Dios: ‘Cuando salgan, no salgan con las manos vacías… y que las judías pidan a sus vecinas y dueñas objetos de plata, oro, ropa costosa, y pónganselo sobre ustedes y sobre vuestros hijos, cobrándoles el maltrato que les han hecho…’. Y el pueblo de Israel hizo lo que Dios les ordenó y pidieron prestado de los egipcios oro y plata…” (Shemot 12:35).
Papirus Ipuver
La columna de fuego
8. “Mira, mira… la columna de fuego llega hasta el cielo y camina al frente de nuestros enemigos…” (hoja 7, línRespecto a la plaga de la oscuridad se halló un testimonio interesante: cierto día de los años sesenta del siglo XIX, un extranjero paseaba a las afueras de la ciudad de El-Arish, junto a lo que es hoy la frontera entre Israel y Egipto, y vio una lápida hecha de granito, con jeroglíficos antiguos, que le llamó mucho la atención. Increíblemente, los habitantes locales la usaban como parte de un comedero para los animales.
La piedra fue transportada al Museo de Ismaelía, en Egipto, donde fue denominada “el monolito de El-Arish”. En 1890 se iniciaron los estudios para descifrar lo que estaba escrito en ella. Tiempo después, la traducción final asombró a muchos creyentes de la Biblia, ya que prácticamente estaba describiendo la plaga de la oscuridad y, al parecer, un poco de la persecución de los judíos por los egipcios hasta el Mar Rojo (ver el libro Ages in chaos, así como Y la verdad absoluta, pág. 195).Comparemos brevemente ambos textos:ea 1).
La Biblia
La columna de fuego
8. “Y Dios caminaba delante de ellos en el día en una nube y en la noche en una columna de fuego para guiarlos e iluminarles el camino…” (Shemot 13:21).
Antiguamente hubo muchísimos “ateos bíblicos”, es decir, científicos, arqueólogos e historiadores, que rechazaron la posibilidad de que el Pueblo de Israel haya estado en Egipto, las diez plagas, la partición del mar, la revelación del Monte Sinaí, etc. Pero algo ha ocurrido recientemente: de pronto ellos mismos empezaron a tratar de explicar cómo ocurrió exactamente todo eso con “teorías” como la de la marea baja, el volcán que hizo erupción a 1 500 kilómetros de distancia y cuyas cenizas causaron que el cielo se oscureciera, y el cual también provocó que las aguas del mar se volvieran rojas, un eclipse, un tsunami, etcétera.
Otras “tonteorías” hablan de fenómenos naturales que, afirman, fueron “aprovechados” por Moshé para decir que Dios estaba mandando mensajes, o que era un ilusionista que hizo ver al pueblo lo que él quiso que vieran; y el colmo: lo último que acabo de escuchar es la teoría de un profesor de la Universidad de Jerusalem, quien afirma que en el Monte Sinaí simplemente sucedió que Moshé, y todos los 600 mil judíos, estaban drogados y experimentaron alucinaciones. Al final de este capítulo ampliaremos sus declaraciones al respecto.
Ante todo esto, estoy obligado a preguntar: ¿qué está pasando últimamente? ¿Por qué los científicos ateos no siguen sólo negando todo, y ya? Suenan más ridículas estas falsas teorías que la simple negación de los hechos. ¿Por qué se esfuerzan en explicar estos hechos como fenómenos naturales o mágicos, y no dicen, como solían hacerlo, “es mentira, nunca ocurrió”?
Yo les revelaré el secreto; en realidad es algo muy simple: se han descubierto tantas pruebas y objetos arqueológicos, como les mostraré a continuación, que muchos de esos “especialistas” ya no pueden negar que sí estuvimos allá, que sí ocurrieron las diez plagas, etc., si incluso los más ateos ya lo reconocen. Por tanto, lo único que les queda por hacer es explicar los hechos de una forma lógica y no milagrosa, ya que para ellos no hay un creador.
Pero, en verdad, no importa. Aunque no quieran, ya están más cerca. Unos cuantos kilómetros más y llegarán a la verdad.
Veamos, entonces, cuáles son esos hallazgos y pruebas que causaron que ellos reconocieran su error y que nosotros afirmemos nuestra fe.
La Torá dice…
Después de un largo tiempo en que el Pueblo de Israel permaneciera en Egipto, “se levantó un rey nuevo”, es decir, una nueva dinastía, que no quiso reconocer la aportación de Yosef (Imhotep) y empezó a discriminar y a esclavizar a los judíos, y hasta matar a sus recién nacidos. Todo terminó con el nacimiento especial de Moshé, quien creció en el palacio de Paró hasta que Dios le ordenó (luego de escapar por haber matado al egipcio en defensa de dos de sus hermanos israelitas) que regresara a Egipto, que con la ayuda de Dios realizara las plagas y sacara a sus hermanos de la esclavitud, no sin antes llevar una gran devastación a los egipcios y a sus dioses por todo lo que habían hecho contra Israel (Shemot, capítulos 1 y 2).
¿ASÍ FUE?
Ubicando a Paró
¿Quién es el Paró que nos esclavizó? Hasta ahora la mayoría de los historiadores nos habían enseñado que se trataba de Ramsés II, pero al no hallar ninguna evidencia en los registros de su época que se parezca a nuestra historia, concluyeron que estábamos mintiendo. Pero ya expliqué el error del calendario oficial, basado en los dudosos escritos de Manetón.
Hoy, a la luz de las investigaciones de Velikovsky y sus partidarios, se ha descubierto quiénes fueron los verdaderos faraones con los que tuvimos contacto en esos tiempos.
La construcción de las pirámides se inició durante el reinado de la tercera dinastía y continuó con mucho mayor empeño en los días de la cuarta dinastía, desde el rey Sanfaro, quien fue el que empezó a construir las pirámides más grandes, pero, en lugar de ser escalonadas, eran de caras triangulares y lisas. De acuerdo con ésta, la verdadera historia, él fue quien dio comienzo a la dura esclavitud, la cual continuó en el reinado de sus hijos Jufo, Jafra y Manjura. Este último fue el faraón sobre el que cayeron las diez plagas.
En los tiempos del rey Sanfaro se adoraba al dios Itón y él agregó al dios Ra; por tanto, construyó dos grandes pirámides, que según nuestra Torá, se llamaban Pythom y Remeses, por los nombres de esos dioses: Pythom por el dios Itón y Rameses, por el dios Ra.
Jufo, quien fue el que construyó la pirámide más grande, en la tradición egipcia es considerado como el rey más cruel que existió y quien utilizó muchísimos esclavos para hacer sus obras. De Manjura, el último de la dinastía, sabemos que, a su fallecimiento, no fue sucedido por su hijo primogénito, ya que murió en las manos de su padre. Ello encaja con lo que dice nuestra historia: que el hijo de Paró murió en la plaga de los primogénitos.
Otro dato interesante sobre Manjura es que, a pesar de que en su época la adoración por el dios Ra estaba en su pleno apogeo, de repente los egipcios dejaron de creer en él. También eso cuadra con nuestra tradición: en ella se narra que Paró advirtió a Moshé, antes de que el Pueblo de Israel saliera de Egipto: Re u Ki Raa negued penejem (Shemot 10:10), “Les advierto que van a morir, ya que el dios Ra está enfrente de ustedes”. Por tanto, cuando Israel triunfó sobre el ejército egipcio gracias a su Dios, el dios Ra “perdió credibilidad” ante los egipcios y sólo después de varios años volvieron a retomarlo.
Después de ubicar a la verdadera dinastía de faraones que esclavizaron a los israelitas, resulta más fácil encontrar las pruebas, pues ya es evidente que hasta ahora todos estuvieron buscando en el lugar incorrecto.
Los papiros hablan...
En un papiro denominado Papirus Brooklyn se registra una orden real por la cual un grupo de esclavos debía ser trasladado de una zona a otra en Egipto. Lo interesante de este papiro es que, en el reverso, están escritos los nombres de varios esclavos. Entre ellos se hallan Isajar, Asher, Shifra, Menajem… que son, claramente, nombres hebreos. Además, en la parte inferior del texto se lee que estos esclavos eran afiro. Explica el profesor David Rohl, en su obra La Biblia: mito o realidad histórica, que este papiro habla de esclavos judíos y que afiro quiere decir “hebreo”. Como prueba de ello, señala que hasta nuestros días los pobladores de Egipto no saben pronunciar bien la letra f y la cambian por b. Esto da pie a una nueva lectura de la palabra: si trasponemos las letras, en lugar de afiro dice abiro, que se parece más a la palabra “hebreo”.
El profesor Rohl revela luego otro interesante hallazgo en una zona llamada Awariz, que hoy en Egipto se llama Tel Ed-Dabba, que según él y otros grandes arqueólogos es la región de Goshen, mencionada en la Torá como el lugar en que habitó Israel, es decir, Yaacob y sus hijos, en Egipto.
Rohl encontró allí varias fosas comunes antiguas, en las que 65% de los restos óseos pertenecían a esqueletos de bebés hasta de 18 meses de edad. Traduzcamos el significado de este descubrimiento: lo que no pudieron explicar los demás científicos fue explicado con facilidad por el profesor Rohl. Y esto está relacionado de manera directa con la historia judía, pues en la Torá se narra que los bebés judíos fueron asesinados en masa debido a la profecía de los magos de Paró respecto a que iba a nacer un niño especial que derrocaría a esa dinastía.
Increíblemente, la leyenda egipcia relata que un mago se presentó ante el rey Jufo (el abuelo de Paró Manjura) y le dijo que había una mujer llamada Ratzadedet que llevaba en su vientre a un niño que dominaría a Egipto. El rey, conforme a esa leyenda, se enfureció, pero el mago mitigó su furia diciéndole que eso no pasaría en sus días, sino en la época del hijo de su hijo (Manjura). Termina la leyenda contando que eso pasó y que, cuando el niño profetizado nació, su cuerpo brillaba como el oro y que la esclava que corrió a informar al rey del suceso fue devorada por un cocodrilo, para salvación del niño.
Esto se parece mucho a lo escrito en los midrashim (los tratados de la Torá oral basados en lo que se halla en la Torá escrita): “Paró soñó con una balanza en uno de cuyos platos estaba la imagen de todo Egipto y, en el otro, un bebé hebreo. Y pesaba el bebé más que todo Egipto. Al pedir la interpretación a los jartumim, éstos le advirtieron que iba a nacer un bebé que iba a afectar muchísimo a Egipto”. Cuando nació Moshé, todo él irradiaba una luz especial (Talmud, Sotá 12:1), lo que de seguro ellos denominaron “como oro”. Culmina el midrash relatando que cuando la hija de Paró bajó con sus sirvientas al Nilo y encontró al bebé en una cesta que flotaba sobre las aguas, una de sus sirvientas corrió para delatarla ante Paró por haber salvado a un niño hebreo, pero bajó el Ángel Gabriel y la mató.
Quizás el ángel tomó la forma de un cocodrilo que, dicen nuestros Sabios, causó la muerte de la sierva de la Bitiyá (Sotá 12:1).
Papirus Ipuver
En 1828, el Museo de Leyden, en Holanda, adquirió un papiro (número de catálogo 344) llamado Ipuver, por el nombre de quien lo escribió, un sacerdote de la época de los faraones. El Papirus Ipuver está escrito por sus dos lados, tiene 17 páginas compuestas en su mayoría de 14 líneas, la mayoría de las cuales son ilegibles por el desgaste del tiempo y están incompletas, pero todavía se ven claramente muchas líneas muy bien escritas.
Desde que este papiro fue encontrado se realizaron muchos esfuerzos para traducirlo, pero sólo hasta 1909 el especialista Allan H. Gardiner pudo hacerlo. Después de varios años, en 1950, el profesor Immanuel Velikovsky revisó esos documentos traducidos y se asombró por el paralelismo entre lo escrito en el papiro y lo registrado en la Torá. Señala Velikovsky: “Busqué una fuente confiable para la traducción de ese papiro y lo encontré en la obra de Allan Gardiner. Cuando me di cuenta de lo que se trataba, lo envié a los profesores británicos Goan Grasteng y Aish Jaftulong para que lo examinaran. Y la respuesta decía: ‘Se parece mucho a lo escrito en la Biblia’”.
A continuación veremos algunos fragmentos de la traducción de Gardiner y demostraremos su paralelismo con lo que dice la Torá.
Papirus Ipuver
La plaga de la sangre:
1. “Plaga en toda la tierra… sangre por todos los sitios… El río es sangre…” (hoja 2, líneas 5 y 6). “La gente evita beber… las personas están sedientas de agua… estas son nuestras aguas… esta es nuestra riqueza… ¿Qué haremos…? Todo está acabándose” (hoja 2, línea10).
La Biblia
La plaga de la sangre
1. “Y hubo sangre en toda la tierra de Egipto… y se convirtieron todas las aguas que había en el río en sangre… y apestaba el Nilo… y excavaban los egipcios alrededor del río para buscar agua para beber, ya que no podían beber de las aguas del río…” (Shemot 7:18-22).
Papirus Ipuver
La plaga de la peste
2. “Todos los animales, su corazón está llorando… el ganado está muriendo…” (hoja 5, línea 5).
La Biblia
La plaga de la peste
2. “Si no nos liberas, la mano de Dios castigará a tus ganados, los que están en los campos, también a tus caballos, burros y camellos… Tu vacuno y tu ganado sufrirán de una peste muy pesada…” (Shemot 9:1-6).
Papirus Ipuver
La plaga del granizo
3. “Los árboles se destruyeron… los portones y las columnas y las paredes se quemaron con el fuego… Egipto está llorando… el palacio real perdió sus ganancias… no hay frutas, no hay cosecha… ¡Qué extraño, si a él pertenecen el trigo y la cebada, los patos y los peces…! Oh, sí, todo se arruinó… Lo que se veía ayer, ya no se ve hoy…” (hoja 4, línea 14).
La Biblia
La plaga del granizo
3. “‘Mañana como a esta hora mandaré granizo pesado como no lo hubo jamás en Egipto…’ Y extendió Moshé sus manos al cielo y Dios causó tormentas y cayó el granizo junto con fuego… Y golpeó el granizo a Egipto… y destruyó lo que había en el campo, desde hombres hasta animales…” (Shemot 9:23-26). “Lo que rompía el granizo, quemaba el fuego…” (Midrash).
Papirus Ipuver
4. “Observa el ganado. Fue abandonado y no hay quien lo reúna… Cada uno busca sólo los que están marcados con su nombre…” (hoja 10, línea 3).
La Biblia
4. “‘Te aconsejo —dijo Moshé a Paró— que el que teme de la palabra de Dios y sabe que así ocurrirá mañana, que corra y recoja su ganado del campo… para que no muera en esta plaga…’ Aquellos súbditos de Paró que creyeron en la palabra de Dios corrieron al campo y recogieron su ganado…” (Shemot 9:19-22).
Papirus Ipuver
La plaga de las langostas
5. “¡Ay, ay, ay…! La cosecha fue arrasada en todos los lugares… no puede encontrarse fruta ni verdura… ¡Uy, uy, uy…! Hoy, ¿a dónde está todo lo que veíamos ayer?” (hoja 5, línea 12).
La Biblia
La plaga de las langostas
5. “Dijo Dios a Moshé: ‘Extiende tus manos al cielo y vendrán las langostas… Comerán toda la hierba de la tierra y toda verdura y fruta del árbol… Todo lo que sobreviva al granizo se extinguirá con las langostas…’. Y no quedó verdura ni fruta en los campos de la tierra de Egipto…” (Shemot 10:4-15).
Papirus Ipuver
La plaga de los primogénitos
6. “¡Ay, qué dolor! Los hijos de los príncipes fueron estrellados contra las paredes… están tirados, muertos en las calles… las paredes de las prisiones se derrumbaron… En cada lugar se ve cómo unos entierran a sus hermanos… Hay un llanto muy grande en Egipto… Sí, el grande y el chico están clamando: ‘¡Ojalá y me muera…!’. ¿Acaso este es el fin del ser humano…? Ojalá y cese la tierra este desorden… las ciudades se destruyen… la elite de Egipto se corrompió… todo se destruye…” (hoja 6, líneas 3, 12, 30).
La Biblia
La plaga de los primogénitos
6. “Y fue a medianoche y Dios castigó a todos los primogénitos de Egipto… desde el primogénito de Paró hasta los primogénitos comunes… Y se levantó Paró en la noche, él y sus sirvientes, y hubo un grito muy fuerte en Egipto… No hubo casa en la que no enterraran a un muerto… Y llamó Paró a Moshé y a Aharón y les dio la libertad de salir de la prisión egipcia… y se apresuraron los egipcios a liberarlos, porque dijeron: ‘Todos vamos a morir’…” (Shemot 12:29-33).
Papirus Ipuver
El botín
7. “Observa cómo los esclavos dan órdenes a los señores egipcios, sin temer de ellos… Oro y diamantes y piedras preciosas y plata están poniéndose sobre sus cuellos las sirvientas…”
La Biblia
El botín
7. “Y dijo Dios: ‘Cuando salgan, no salgan con las manos vacías… y que las judías pidan a sus vecinas y dueñas objetos de plata, oro, ropa costosa, y pónganselo sobre ustedes y sobre vuestros hijos, cobrándoles el maltrato que les han hecho…’. Y el pueblo de Israel hizo lo que Dios les ordenó y pidieron prestado de los egipcios oro y plata…” (Shemot 12:35).
Papirus Ipuver
La columna de fuego
8. “Mira, mira… la columna de fuego llega hasta el cielo y camina al frente de nuestros enemigos…” (hoja 7, línRespecto a la plaga de la oscuridad se halló un testimonio interesante: cierto día de los años sesenta del siglo XIX, un extranjero paseaba a las afueras de la ciudad de El-Arish, junto a lo que es hoy la frontera entre Israel y Egipto, y vio una lápida hecha de granito, con jeroglíficos antiguos, que le llamó mucho la atención. Increíblemente, los habitantes locales la usaban como parte de un comedero para los animales.
La piedra fue transportada al Museo de Ismaelía, en Egipto, donde fue denominada “el monolito de El-Arish”. En 1890 se iniciaron los estudios para descifrar lo que estaba escrito en ella. Tiempo después, la traducción final asombró a muchos creyentes de la Biblia, ya que prácticamente estaba describiendo la plaga de la oscuridad y, al parecer, un poco de la persecución de los judíos por los egipcios hasta el Mar Rojo (ver el libro Ages in chaos, así como Y la verdad absoluta, pág. 195).Comparemos brevemente ambos textos:ea 1).
La Biblia
La columna de fuego
8. “Y Dios caminaba delante de ellos en el día en una nube y en la noche en una columna de fuego para guiarlos e iluminarles el camino…” (Shemot 13:21).
Respecto a la plaga de la oscuridad se halló un testimonio interesante: cierto día de los años sesenta del siglo XIX, un extranjero paseaba a las afueras de la ciudad de El-Arish, junto a lo que es hoy la frontera entre Israel y Egipto, y vio una lápida hecha de granito, con jeroglíficos antiguos, que le llamó mucho la atención. Increíblemente, los habitantes locales la usaban como parte de un comedero para los animales.
La piedra fue transportada al Museo de Ismaelía, en Egipto, donde fue denominada “el monolito de El-Arish”. En 1890 se iniciaron los estudios para descifrar lo que estaba escrito en ella. Tiempo después, la traducción final asombró a muchos creyentes de la Biblia, ya que prácticamente estaba describiendo la plaga de la oscuridad y, al parecer, un poco de la persecución de los judíos por los egipcios hasta el Mar Rojo (ver el libro Ages in chaos, así como Y la verdad absoluta, pág. 195).Comparemos brevemente ambos textos:
En el monolito se lee:
1. “La tierra fue castigada… mala fue su suerte… mucho alboroto hay en el palacio… Durante nueve días nadie pudo moverse… Durante esos días, hubo una catástrofe tan grande que no podíamos ver uno al otro, ni a nuestros ídolos…”
La Torá:
1. “Y extendió Moshé sus manos hacia el cielo y hubo oscuridad absoluta en todo Egipto durante tres días…” (Conforme a algunos comentaristas, fueron tres días de penumbra y tres de oscuridad total, es decir, los egipcios sufrieron esta plaga durante seis días en total). “…no pudieron verse unos a los otros y no salían…” (Shemot 10:21-24).
En el monolito se lee:
2. “El señor rey, su majestad… [faltan algunas palabras] llegó a un lugar que se llama Pi Jiroti…”
La Torá:
2. “Y persiguieron los egipcios con Paró al Pueblo de Israel y los alcanzaron en Pi Ajirot…” (Shemot 14:8, 9).
1. “La tierra fue castigada… mala fue su suerte… mucho alboroto hay en el palacio… Durante nueve días nadie pudo moverse… Durante esos días, hubo una catástrofe tan grande que no podíamos ver uno al otro, ni a nuestros ídolos…”
La Torá:
1. “Y extendió Moshé sus manos hacia el cielo y hubo oscuridad absoluta en todo Egipto durante tres días…” (Conforme a algunos comentaristas, fueron tres días de penumbra y tres de oscuridad total, es decir, los egipcios sufrieron esta plaga durante seis días en total). “…no pudieron verse unos a los otros y no salían…” (Shemot 10:21-24).
En el monolito se lee:
2. “El señor rey, su majestad… [faltan algunas palabras] llegó a un lugar que se llama Pi Jiroti…”
La Torá:
2. “Y persiguieron los egipcios con Paró al Pueblo de Israel y los alcanzaron en Pi Ajirot…” (Shemot 14:8, 9).
Conclusión
Es impresionante encontrar la misma historia, pero esta vez escrita por el otro lado, donde se relata prácticamente lo mismo y en lo cual se nota el sufrimiento que las plagas les causaron. No es muy común ver escritos egipcios sobre sus derrotas, pues normalmente sólo conmemoraban sus triunfos y victorias. Pero al parecer, este golpe fue tan impactante en la historia egipcia que hasta ellos dejaron su orgullo de lado y lo registraron.
Es impresionante encontrar la misma historia, pero esta vez escrita por el otro lado, donde se relata prácticamente lo mismo y en lo cual se nota el sufrimiento que las plagas les causaron. No es muy común ver escritos egipcios sobre sus derrotas, pues normalmente sólo conmemoraban sus triunfos y victorias. Pero al parecer, este golpe fue tan impactante en la historia egipcia que hasta ellos dejaron su orgullo de lado y lo registraron.
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